Relato de Luís. Nacimiento de su hijo David

Mi relato del parto Cuando explico a mis amigos que mi hijo David nació en casa, se me quedan mirando atónitos y solo atinan a decir -¿Tú?, ¿por qué?, ¿estás loco?- Y entonces es cuando les hablo de las bondades del parto en casa frente al intervencionismo hospitalario, les aclaro que en Titania hacen un cribado y solo aceptan partos de bajo riesgo de parejas que estén convencidas, les explico que teníamos una comadrona solo para nosotros y no una por planta como en un hospital, les comento la excelente atención que tuvimos en los días siguientes al parto, y otros aspectos sobre el parto natural en casa que antes desconocía absolutamente. Quiero creer que he logrado cambiar la opinión de algún amigo, sobretodo viendo lo bien que fue el postparto de Isabel y lo sano y feliz que es David. Pero no penséis que yo siempre he tenido la misma opinión del parto en casa, yo también pensaba que había que ser una loca inconsciente e imprudente para decidir traer a un niño en tu propia casa. Así, que puede decirse que soy un converso a la causa y creo que debo explicar cómo fue mi conversión… No me caí de un caballo como San Pablo, pero casi.

La historia empieza, aunque yo entonces no lo sabía aún, unos años atrás. Una tarde de hace algunos años paseando con Isabel pasamos casualmente (o eso creo yo) delante de la sede de Titania en la calle Llibertat. Recuerdo que Isabel me dijo que si alguna vez teníamos un hijo, vendríamos aquí a parir.Me dijo que había coincidido con ellas en unas jornadas de la mujer y que le habían gustado mucho sus planteamientos. En aquel momento tener un hijo lo veía muy lejano, y tenía un total desconocimiento sobre cómo era un parto.

En mi cabeza solo estaban las imágenes de las películas españolas de los años 60: la llegada al hospital corriendo al romperse la bolsa sacando un pañuelo por la ventanilla del coche, la espera del padre fumándose un cigarrillo, el abrazo del médico con las palabras “ha sido un niño” e imágenes similares tantas veces vistas en las películas. Y es que aunque amigos y amigas mías habían tenido hijos, no me había parado a pensar en cómo había sido el parto, las diferentes opciones que había y lo importante que era para la salud de la madre y del bebé. Por ese motivo, recuerdo que aquel día, al oír que Isabel hablaba de parir con Titania, me lo tomé como una simple excentricidad suya que nunca llegaría a ser realidad. No suelo acordarme de todas las conversaciones mantenidas y más si han tenido lugar años antes, por lo que no sé por qué la frase de Isabel diciendo que pariríamos con Titania se quedó grabada en mi mente. Debía ser porque en mi interior sabía, aunque no lo quería admitir, que no era una mera excentricidad de Isabel. Y, tal como me temía, cuando al cabo de unos años nos quedamos embarazados, Isabel me volvió a repetir que quería un parto natural y en casa. Pero ¿acaso todos los partos no son naturales?, le pregunté yo. ¿Y en casa? ¿Qué necesidad hay de parir en casa cuando existen los hospitales?, insistí. Como podéis comprobar, no tenía ni idea del asunto. Con paciencia, Isabel me fue explicando cómo quería que fuera su parto y las razones que le hacían temer que un parto hospitalario no respetaría su voluntad. Me informé por Internet de la opción del parto en casa y de los riesgos que conllevaba. Descubrí también que los partos hospitalarios no estaban exentos de riesgos y que en la mayoría de las ocasiones los profesionales pecaban de exceso de intervencionismo en contra, no solo de la voluntad de la madre, sino también de la salud de la madre y del bebé. Descubrí un mundo nuevo, abrí mi mente a unos hechos que desconocía absolutamente y empecé a cuestionarme si parir en un hospital era la mejor opción. Y así llegó el temido día en que acompañé a Isabel a Titania para tener una entrevista con Pepi e informarnos de la opción de contratar un parto natural en casa.

Fui a la entrevista con muchos recelos (lo admito) porque aunque había empezado a cuestionarme muchos aspectos relacionados con el parto, aún tenía muchos miedos y quería conocer los riesgos que entrañaba un parto en casa. Me relajó mucho la tranquilidad de Pepi, me dio la sensación de que sabía lo que se hacía, que no eran unas imprudentes que jugaban con la vida de las madres y los bebés, como la sociedad repite siempre que tiene ocasión. Salí de la entrevista algo más tranquilo pero pensando todavía que acabaríamos haciendo un parto natural en algún hospital … ¡ qué equivocado -Vale, Isa, ¿y si hacemos un protocolo de parto natural en algún hospital?-, le -Luis, esa es una opción que no existe, es un oxímoron, al final los médicos siempre intervienen amparándose en el riesgo fetal o en la salud de la madre, con lo que partos naturales en los hospitales hay muy pocos, por mucho protocolo que tengan-, me espetó ella. – Bueno, deja que reflexione, todo esto es nuevo para mí. Y sentí que me caía Aunque me costó, al final acepté que debía respetar la decisión de Isabel de cómo quería parir a su hijo pues su decisión no era fruto de un arrebato, sino que estaba largamente razonada, había reflexionado en profundidad sobre este tema y se había informado abundantemente sobre ello. Y además, paríamos con Titania, pioneras y con larga experiencia en el parto en casa. Mantuvimos otra entrevista con ellas, estaba vez con Tere, y en ese momento acabé de despejar gran parte de las dudas que aún tenía, sobre todo al ver la seguridad que mostró Tere y la confianza de Isabel en todo el proceso. El resto de dudas acerca de la decisión de parir en casa se encargó el hospital (no diré cuál es) de despejarlas. La mala praxis en la tercera ecografía y en otras pruebas y la deficiente atención que nos dispensaron me convencieron de que parir en un hospital no era, desde luego, la mejor opción. Quiero resaltar la tranquilidad que nos proporcionaron y el apoyo que nos prestaron Pepi, Tere e Idoia cuando las pruebas del hospital parecían impedir que pudiéramos parir en casa.

Gracias a ello continuamos con nuestra decisión y David pudo venir al El 24 de septiembre de 2013 por la noche, con el piromusical de la Mercè, David decidió que era hora de salir. Llamamos a Tere y vino al rato (se tomó su tiempo) para decirnos que aún quedaban unas horas, que Isabel solo estaba dilatando. Cuando la volví a llamar a las 5 de la mañana después de una larga noche de contracciones, Tere apareció en 5 minutos. Siempre he sido un poco sufridor, muchas veces sin motivo, por lo que no hablaré demasiado del parto. Solo sé que hubiera sufrido mucho más en un parto hospitalario, temiendo por la salud de Isabel y David por el exceso de intervención.

Tan solo diré que me volví a enamorar de Isabel por la fuerza y resistencia que demostró, por su constancia y determinación en tener a su hijo en casa. Fue salvaje, animal, intenso. Como hombre me sentí débil ante tamaña demostración de fortaleza. Isabel, con la ayuda de Tere y Mireia, trajo al mundo a David a las 10.40h del día 25 de septiembre. Desde entonces admiro a todas las mujeres, hayan sido madres o no, por la posibilidad que tienen de realizar un esfuerzo físico tan intenso y dar vida a un nuevo ser. Yo ahora lo sé, yo ahora confío en ellas y en la vida. Solo espero que el resto del mundo dé a las mujeres la oportunidad de parir, porque, creedme, ellas saben.