Parto de Celia, nacimiento de Sara

Me despierto a las 2 am del día 4 de Septiembre con la primera contracción. La reconozco al instante como el inicio del parto. Al cabo de poco rato otras dos, muy regulares. Me levanto de la cama para comprobar cada cuánto tiempo las tengo.
Son las 2,30 am y calculo que las he tenido cada 15 minutos, y así continúan hasta las 6,45 am, que pasan a ser cada cinco minutos. Me quedo en el salón leyendo, haciendo una pausa cada vez que llega el dolor.
A las 7,30 am despierto a Albert para decirle que estoy de parto. Está tan dormido que piensa que es una broma.
Rápidamente se pone en marcha. Llama a las comadronas para que vengan cuanto antes a casa. También avisamos a mi madre, que nos acompañará para echarnos una mano en el parto.

A las 8 am rompo aguas, me tranquiliza ver que son claras.
Las contracciones empiezan a ser más dolorosas.

Cuando llegan las comadronas (Gloria e Idoya), junto con Ariadna (que estará de ayudante junto con mi madre), me proponen que llenemos la bañera del baño para amenizar el dolor. Calculan que estoy con una dilatación de 6 cm.

Cuando llega cada contracción (cada 2 minutos) me aplican agua caliente y me calma bastante. Yo estoy de lo más tranquila, muy agradecida de que por fin haya llegado este momento, y de que cada contracción sea un acercamiento a nuestro bebé.
Pienso que en unas horas Sara estará en nuestros brazos y eso me ayuda a llevarlo bien.
Las comadronas me dicen que parece que lo haya hecho toda la vida, yo bromeo diciendo que fuí “nasía pa parir”.
Albert no para de ir de un lado para otro con los preparativos. En algún momento sí que se queda a mi lado y me pone agua caliente en el útero y el sacro.

Llega un momento en que estoy incómoda en la bañera, justo cuando me dicen que ya tienen preparada la bañera hinchable en el salón.
Bajan la persiana, encienden alguna vela, estamos prácticamente a oscuras. Van adelantándose a cada una de mis necesidades.

Me cuesta un poco entrar en el agua, está ardiendo, pero una vez dentro agradezco la temperatura tan elevada.
Albert entra conmigo en la bañera, por fin estamos juntos y centrados en el parto, como lo había visualizado tantas veces. Pienso que sin él no sería capaz de hacerlo, siento su apoyo y me llena de confianza.

Las contracciones son cada vez más fuertes, sigo tranquila, las llevo bien. Esta bañera es muy cómoda, facilita mucho la dilatación. Las comadronas escuchan el corazón de Sara cada cierto tiempo para comprobar que todo va bien, y para tranquilizarme.
Debido a la temperatura del agua me arde la cara, me aplican paños mojados en agua con hielos. Eso me ayuda a despejarme, ya que empiezo a notar bastante cansancio.

Mi madre llega y se suma al grupo como ayudante. Ya está al completo el “equipo titánico”.

Al cabo de un tiempo decido salir de la bañera para descansar un poco, el cansancio ha subido de repente. He comenzado a tener necesidad de empujar.
Me calculan que estoy en una dilatación de 8 cm.
Albert está pendiente de darme cada cierto tiempo homeopatía.

Me coloco de cuclillas y Albert me sostiene desde la espalda. Noto que esta postura acelera el expulsivo, pero también aumenta bastante el dolor. Me preocupa estar tan cansada con todo lo que queda por delante.
Gloria me dice que soy una diosa poderosa, a mí me cuesta creérmelo sintiendo tanta debilidad.
Al cabo de un tiempo noto que las piernas no me responden, y me coloco de rodillas, con la cabeza apoyada en el sofá. Así descanso más, pero en realidad lo que necesito es dormir.
Arrastro las palabras al hablar, me siento extenuada, pero me resisto a hacer una pausa, quiero que sea en ese momento, pienso que ya llevo demasiado tiempo esperando este bebé.

Me ponen una planta del pie en el suelo para facilitar el expulsivo. Aprovecho esta postura cn cada contracción, pero entre una contracción y otra me tiro desesperadamente al sofá para recuperar fuerzas.

Así estoy durante bastante tiempo, paso de una postura a otra según llegan las contracciones. Oigo a Gloria decir “¡Se tira en plancha!”, y pienso “eso tiene gracia, me reiré más tarde porque ahora no puedo”.

Estoy con plena conciencia del momento presente, y a la vez muy alejada de lo que estoy viviendo, me siento en un mundo aparte. Me oigo a mí misma gritando con cada contracción, en una especie de sonido gutural, casi animal, que no reconozco. Lloro sin lágrimas.

Pienso en como lo estarán llevando Albert y mi madre, no debe ser fácil ver a quien quieres en una situación así.

Idoya me dice que falta muy poco, que ya está aquí, que nacerá cuando yo quiera que nazca. “Pues ahora mismo”, respondo yo. Ella me dice que me tengo que dejar llevar hacia donde me lleva la contracción. Intento hacerlo, pero me resulta difícil no resistirme al dolor.

Así pasa tiempo, hasta que las comadronas me dicen que la cabeza del bebé está coronando.
Empiezo a notar más fuerzas, como si me hubieran inyectado un chute de adrenalina, pero las contracciones son más cortas de lo que necesito para empujar el tiempo suficiente para que salga la cabeza. Así que la coronilla de la cabecita de Sara entra y sale con cada contracción, mientras me animan con un “¡Ya está aquí!, ¡Ya está aquí!”. El dolor y la sensación de dilatación son tan intensos que cada vez que acaba la contracción pienso que ya ha salido.
Estoy en la fase de “anillo de fuego”, en la que noto que el periné quema. Pensaba que sería momentáneo, pero se alarga hasta el final del parto.
Temo que la cabeza de Sara esté soportando demasiada presión.

En un momento dado siento una extraña sensación de crecer y hacerme más fuerte, me incorporo y me digo a mí misma: “¡Ahora!”. Empujo con todas mis fuerzas, y cuando creo haber llegado al límite empujo aún más y más fuerte, me tiembla todo el cuerpo con la fuerza que hago. Tengo la sensación de estar desgarrándome. Me oigo rugir y gritar, y por fin sale la cabecita.
Todos lo anuncian a la vez emocionados. Oigo a Sara haciendo ruiditos, por lo visto hace muchos gestos según sale.
Con uno o dos empujones más sale totalmente. Me quedo apoyada en el sofá, agotada, y me emociono al pensar que ya está aquí, que por fin podremos verla, abrazarla, disfrutarla.
La limpian un poco con una toalla y me la pasan por debajo de las piernas.

La miro alucinada, Albert y yo estamos abrazados, llorando, agradecidos porque todo haya salido bien.
Recuerdo haberle hablado a Sara, diciéndole que por fin había llegado, que llevábamos mucho tiempo esperándola. Después haberle dicho varias veces a Albert “¡Qué fuerte!”, sin poder creerme que estaba en nuestros brazos.

Es curioso verla por primera vez, después de varios meses en mi vientre. Siento que para nosotros es una desconocida y que ella lo conoce todo de nosotros.
Me tumbo agotada, me tiembla todo el cuerpo por el esfuerzo. Sara se coge inmediatamente al pecho, así estará durante 6 horas.
Al poco tiempo siento que necesito empujar de nuevo, y expulso fácilmente la placenta. Albert anuda y corta el cordón umbilical.
Sara pesa 2,940 kg.
Estamos todos emocionados, encantados de haberle dado la bienvenida a Sara en nuestro hogar, con el respeto que merece un momento tan especial.

Celia, Albert i Sara
4 de septiembre de 2014

One thought on “Parto de Celia, nacimiento de Sara

  • Es emocionante tu experiencia. Sólo de leerlo me he emocionado, nosotros esperamos a Aina ansiosamente y esperamos que sea tan bonito como tu parto. Hemos escogido hacerlo en casa y estamos muy felices de esta decisión. Testimonios como los tuyos nos dan un empujón de energia.

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