La Cerrada en el Postparto

Pertenezco a ese tanto por ciento de mujeres a las que el embarazo les resulta un auténtico desafío. Y si, además, el embarazo es invalidante físicamente, entonces entra en juego la parte emocional. Es frustrante querer hacer cosas, como cargar a tu hijo anterior, caminar o estar de pie, y que un dolor en la cadera y el pubis no te lo permita. Un dolor como si un hueso estuviera encima de otro o fuera de su lugar. Tienes la seguridad social pero estás embarazada y tu caso no es habitual, así que se limitan a recetarte una pastilla y solo te queda reposar y esperar todo el embarazo a que tu bebé esté preparad@ para nacer, a ver si tu cuerpo vuelve a la normalidad.

Tuve suerte de conocer a Tere de Titània-Tascó, mi comadrona de parto en casa, y ojalá la hubiese conocido antes. Ella me habló de La Cerrada, una antigua técnica que aprendió de la partería Mexicana y que se realiza habitualmente en el post-parto con el fin de cerrar la apertura espiritual, emocional y física que se produce en la mujer con la llegada de un nuevo ser.

Tras el post-parto, mis dolores no desaparecieron y entonces supe que debía tratarlo. Mi médico no le dio importancia, pero yo no podía seguir así. Entonces concretamos una cita para hacer La Cerrada de cadera. En un principio estuve incrédula ante lo desconocido, pero el hecho de realizarse en un ambiente íntimo y tranquilo entre mujeres, las mismas que estuvimos presentes el día en que mi hija vino al mundo, me dio confianza. Ellas que al ver mi invalidez ante los desplazamientos optaron por seguir mi embarazo en mi domicilio (unos 30km de distancia de su sede) para que yo estuviera mejor. ¿Por qué no iba a confiar en ellas?

Fue una bonita experiencia. Maite, Tere, mi hija y yo. Compañeras de viaje, el viaje más importante de mi vida. Mi maternidad.

Inmediatamente no hubo cambios físicos. Llegué a mi casa muy dolorida, como un día cualquiera y no tuve buena noche. Pero por la mañana al levantarme, no tuve dificultad para mover las piernas, y hasta quise dar un paseo que se convirtió en un largo paseo. Y volví a mi casa dispuesta a salir de nuevo por la tarde. En los días siguientes, cada día podía llevar a mis hijos al parque. Llevaba nueve meses exactos sin poder hacerlo. Pude volver a portear a mi hijo, e incluso en tándem con su hermana. Si no fuera por los recuerdos, diría que mi cadera nunca estuvo enferma.

Abril

Gracias Titánicas Mujeres

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